lunes, 15 de diciembre de 2008

Metamorfosis

Cuando el eje medular de tu Ser recibe tanto alimento además del que aprendiste a producir –cual vegetal- por vos mismo, hay una extraña llenura que no es normal en el Ser siendo que su razón natural es la condición permanente de la incompletud.
Sin embargo, la llenura llega, lucha y va ganando inusitado terreno. Se expande sin límites, arrasa y… pasa a ser un vacío, como resultado inexplicable de un proceso aparentemente invertido. De tanto tener, te falta todo.
Entrás entonces en un territorio peligroso que desafía a la cordura. Ese peligro es el imán que se convierte en saeta a seguir. Si no lo hacés, el vacío es sólo eso: vacío.
Allí comienza una nueva existencia en la que –al igual que la anterior- no hay fórmulas; acá ni siquiera pistas. Ni padres aparentemente experimentados, ni escuelas, ni filosofías, ni principios, ni fines.
Hay laberintos. Estás agotado pero te aventurás, dejas de correr pero volás, subís bien alto, te vas, el laberinto te atrae, jugás en él, sentís que te atrapa que te estimula en lo mejor de tus potencias y en lo peor de tus instintos. No obstante, no querés volver. Es otro mundo, otro cielo, otra vida, otra muerte…lo que ves a partir de tu llenura-vacío. El placer y la angustia del laberinto pasan a ser parte de tu existir…
Y ya nada tiene coherencia (la de los otros). El desconcierto invade a quienes te rodean. Dejaste de responder al concepto más o menos consensuado de persona cabal.
Es que sos otro ser. Otro.
¿Humano? Poco importa.

domingo, 7 de diciembre de 2008

De labores...







Cuando "los formadores" crecen junto al que crece



y luchan junto al que se demora



y ríen junto al que se reparte




y lloran junto al que se entrega...



las incoherencias temporales se esfuman,



los lineamientos y normativas dejan de tener razones,



los riesgos -tan humanos- valen la pena...



¡Caminamos, corremos, volamos!



Entonces los ojos brillan en intensos rocíos de noche de gala donde una flor casi marchita -una sola en la que somos muchos- se hace tan roja como el color que trae -ya- el alba.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Acecho (fragmento)

Es la sensación persistente del acecho.
Inacabable pasión, inminencia de muerte en pases de espíritus cada vez más cercanos que
se van enquistando en un mundo de delirios y desquicios tantas veces salvadores de repetidas desesperaciones.
En ese acecho, la instintiva actitud de huir hacia mundos de soledades y anonimatos, de multitudes y de estridencias, siguiendo la flecha de una ruta marcada pero sin destino...

sábado, 22 de noviembre de 2008

Reinado





Teyú recorre su territorio de imperante sol. De pronto, huele sudores de hombres y se planta, colosal, ante sus sombras. ¡Y los detiene! Cunde un silencio fugaz y sin tiempo. Se sella un tácito acuerdo.
Más seguro y cauteloso que nunca, gira en todo su cuerpo. Una cola majestuosa se arrastra enérgica y levanta polvareda a su paso.
Ojos alucinados lo ven perderse en el laberinto de senderillos trazados con precisión natural.
A partir del encuentro, las sombras se desplazan con sigilo. La advertencia está hecha.
Teyú les deja en la entrada del cementerio, una señal gigante que emerge de la Tierra para que quede claro –por si acaso- que en su dominio, él impone las reglas.

Las sombras no pisan el suelo, su composición fosilífera y ese animismo latente casi inadvertido, le otorgan carácter inviolable. Recorren, observan, palpan, admiran, guardan la imagen, incorporan códigos sagrados…
…para luego, de cara al sol –que Teyú les presta- reconocer que ALLÍ son sólo caminantes, extraños visitantes.
Se relajan. Encuentran en el camino de vuelta, a Primavera, en una flor amarilla que Teyú guardián les obsequia. Entendieron la consigna milenaria: Custodio originario de las tumbas, Teyú es Rey cuando la Siesta reina.




jueves, 23 de octubre de 2008

Otra vez

Negro



Hierve la leche sobre el anafe. Contiene sustancias de crecimiento, vitaminas de intelecto; es jugo de madres.
Se derrama. Miles de niños hambrientos esperan.
Ojos ciegos sólo ven el poder del fuego –no el de la leche-. Y atizan, y atizan, ¡ y atizan!
La espuma nutriente va desapareciendo, se achica hasta que sólo queda de ella, una cáscara resquebrajada en un fondo negro, irremediablemente quemado.
Tan blanca la leche, tan vigoroso el fuego, tan resistente el recipiente, tan sólido el anafe…
Perverso destructivo, el atizador. Faltas, ausencias, carencias, negaciones, falencias, simulacros…

Tan ávidas las párvulas entrañas.
Duele la panza, Sí, pero…
Hiere sin retorno, la repetida circunstancia de poquedad en los sesos.

Tanta leche blanca y sin embargo: otra vez las cáscaras.
Y nada.

lunes, 13 de octubre de 2008

Mi labor ¿? (fragmento)

... Porque cada vez que huelo la tierra humedecida,
y que acarician mis dedos las ribereñas aguas,
más el impacto colosal del verde panorama,
me vuelvo más niña, más embrión, más alma,
y tan lejos me remonto, que soy más todo y más nada.

De las honduras afloran milenarias voces
que reclaman…
y ya no puedo escapar: me vuelvo misionera
de tareas olvidadas.
Me atrapan de Cronos, las sirenas,
me enredan, me confunden, me bifurcan…
Así, el caos del pasado -que es presente-
me despierta la savia que corre por mis venas
herencia de agua, de árbol, de madera,
-brotar, crecer, construir-
me dispone interiormente a encontrar
la cuna de mi aldea, la viva raíz de mi casa.
Mas… genéticamente llevada por la hadas
me entrego a perderme en el monte, a renovar las alas
y a imprimir fuerte aquella huella
en el aire, en el cielo, en el sol, en la distancia
y ser sólo yo misma, en una fábula.